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La capacidad que tienen los avances tecnológicos para transformar el mercado de trabajo no es un fenómeno nuevo, ni siquiera reciente. No hay más que recordar el movimiento Ludita, surgido en plena Revolución Industrial, que se opuso a la llegada de los primeros telares mecánicos en la Inglaterra de 1811.

Lo cierto es que, ya en aquel entonces, la mejora de la productividad como consecuencia de la mecanización acabó generando a largo plazo en el Reino Unido muchos más puestos de trabajo de los que se perdieron en sus inicios -que se perdieron, y muchos-.

Durante estos doscientos años, la teoría económica ha puesto en solfa la llamada falacia ludita y ha venido demostrando los efectos positivos del desarrollo tecnológico en el crecimiento y en el empleo. Sin embargo, en los últimos años, se ha vuelto a poner de actualidad este viejo debate como consecuencia del tremendo desarrollo de las tecnologías digitales -robotización, automatización, Inteligencia Artificial...-. Y cabe, entonces, hacerse algunas preguntas: ¿tendrá el actual salto tecnológico el mismo efecto que los anteriores? ¿Qué tipos de empleos quedarán para las personas si las máquinas inteligentes llegan a ser capaces de hacer mejor nuestro trabajo? ¿Se volverá a cumplir la falacia ludita? Con la intención de aportar su granito de arena en esta cuestión, PwC ha elaborado un estudio, a partir del análisis del mercado laboral de 27 países de la OCDE, Rusia y Singapur –más de 200.000 puestos de trabajo-, que arroja unas conclusiones y unas cifras interesantes.

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