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En la actual “guerra por conseguir el mejor talento”, la alineación de los objetivos de negocio con los intereses individuales de los empleados, se ha convertido en un pilar fundamental para el éxito de una compañía. Y en este nuevo contexto, la función de Recursos Humanos, tradicionalmente enfocada a gestionar tareas meramente administrativas y alejadas de las decisiones estratégicas, ha evolucionado. Hoy en día, más allá de administrar operaciones transaccionales, Recursos Humanos necesita entender cuáles son las necesidades de sus negocios y conocer a sus empleados con el máximo nivel de detalle, para facilitar a sus organizaciones soluciones de alto valor. Un aspecto que está transformando la relación que los directores de RRHH mantenían hasta ahora con los máximos responsables de sus compañías.

Bajo este nuevo contexto, para conseguir alcanzar los niveles más altos de rendimiento de una organización y aprovechar al máximo el potencial de todos sus integrantes, el director de Recursos Humanos debe asesorar al CEO sobre las diferentes estrategias a seguir en lo que respecta a la gestión del capital humano de sus empleados. Utilizando un ejemplo, la relación entre ambas figuras debiera asemejarse a la establecida entre un “coach” con su “coachee”. La función del coach (Director de RRHH) se centrará en acompañar, orientar y sobre todo en proporcionar al CEO, una nueva visión del potencial de su Organización, que le permita tomar decisiones, quizás no contempladas hasta ese momento, basadas en este nuevo planteamiento. La comunicación constante y el establecimiento de una confianza mutua entre ambas figuras, resultarán cuestiones imprescindibles para el buen funcionamiento de la organización.

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